La Mikvé
Acorde con la concepción judía, la relación física de la pareja contiene el potencial espiritual más adecuado para alcanzar la dimensión de la santidad.
La unión de un hombre y una mujer, no es sólo un acto de placer. Cuando el novio entrega a la novia el anillo en la ceremonia nupcial, le dice: “He aquí que estás consagrada a mí acorde con la ley de Moisés e Israel”.
Dos aspectos vitales se suman al deseo de ser una sola carne. La consagración, que manifiesta el deseo de una unión espiritual, y la acción de hacerlo acorde con la ley de Moisés e Israel, lo que expresa el compromiso con la tradición milenaria del pueblo judío y la decisión inquebrantable de ser un eslabón más de la larga cadena de oro de la identidad y la continuidad de Israel.
El término mikvé proviene de la raíz hebrea, que infiere la reunión de las aguas, tal como leemos en el relato de la creación: “júntense las aguas debajo del cielo en un solo lugar” (Breishit 1:9).
Una Mikvé es entonces un lugar que reúne aguas de origen natural, como el agua de lluvia, de un río o de un manantial. De hecho, se trata de una pequeña alberca que está unida a una fuente de aguas naturales que fueron recolectadas en forma natural (llamada “otzar”), a las que se les agrega luego agua limpia y templada.
El agua de la mikvé llega aproximadamente hasta por debajo de los hombros. Las mikvaot de hoy en día son elegantes, agradables, higiénicas y absolutamente privadas. Junto a la piscina en la cual se realiza la inmersión ritual, hay baños de uso individual, cómodos y confortables. El acceso al lugar de la tevilá (la “inmersión”) se posibilita desde cada uno de los baños a través de una puerta que normalmente se mantiene cerrada para
asegurar la privacidad.
La mikvé es el edificio institucional más importante de una comunidad. Si los judíos de una ciudad necesitan construir una sinagoga y una mikvé, la ley judía establece que primero se debe construir la mikvé.
La Torá nos habla del servicio del Cohén Gadol, el Supremo Sacerdote, en el Templo sagrado de Jerusalem. En diferentes momentos del ritual del día de Yom Kipur, el Cohén Gadol se sumergía en la mikvé; en total, lo hacía cinco veces. Obviamente, no se trataba de un acto de higiene, ya que realizaba estas tevilot en el lapso de unas pocas horas.
La tevilá en las aguas de la mikvé infiere una transformación en la persona que la realiza, una preparación para algo elevado. Figurativamente, la mikvé se compara con el útero de la mujer, y sus aguas, con el líquido amniótico. Dentro del agua el ser humano no puede respirar, esto representa de alguna manera la anulación de la vida. Emerger de las aguas significa entonces: salir a la vida.
Se trata de un ritual que simboliza una renovación, un cambio de estatus, un renacimiento. Quien se convierte al judaísmo también debe cumplir con la inmersión en la mikvé, lo que marca la transformación vital del converso.
Antes de la boda, la novia también debe realizar una tevilá. El sumergirse en las aguas de las mikvé representa la entrada a una nueva dimensión existencial: la de mujer casada.
Los sabios afirman que las aguas de la tevilá simbolizan las aguas del Edén. En el Jardín del Edén, la primera pareja vivió unida por un amor perfecto y carente de inhibiciones. Por lo tanto, la inmersión infiere el retorno a ese estado edénico, como un intento de alcanzar el nivel espiritual y el amor integro que había entre Adán y Eva (Ver “Waters of Eden”, pág. 31).
Así es que la tevilá de la novia antes de la boda se transformo en un evento familiar, como parte integral de los preparativos.
En Salónica y muchas otras comunidades sefaraditas se acostumbraba que la novia llegaba a la tevilá acompañada de familiares y amigas. Después de realizar un baño especial en aguas perfumadas, la novia se sumergía en las aguas de la mikvé, y al salir, recibía todo tipo de elogios y alabanzas, con cánticos y bendiciones.
En algunas comunidades del norte de África, el regocijo solía ser muy grande. La novia llegaba a la tevilá acompañada de una larga procesión de damas, quienes llevaban velas encendidas y entonaban canciones y melodías tradicionales. Antes de sumergirse en la mikvé, la novia se bañaba con jabones y lociones que le regalaba el novio.
En realidad, los Rabinos marroquíes expresaron sus reservas respecto a estas celebraciones. Consideraban que afectaban el recato obvio que debe tener este evento.
En la comunidad argelina acompañaban a la novia sólo la madre, la suegra, las hermanas casadas, y una amiga que era elegida muy especialmente, ya que debía ser casada, con hijos, feliz en su matrimonio y de buena posición económica, para que su suerte se proyecte en la novia.
En Uzbekistán, los judíos de Bujara celebraban dos actos: el hamam y la tevilá.
El hamam o hammam es un tipo de baño turco donde la novia se higienizaba de manera muy especial, bañándose con aguas aromáticas y untándose con aceites. Después del baño, en un recinto contiguo se comían las delicias que traían las mujeres cercanas a la familia de la novia. Sólo al día siguiente, en la víspera de la boda y en un absoluto recato, la novia realizaba la tevilá en la mikvé.
Las comunidades oriundas de Siria celebran la tevilá de la novia con la presencia de familiares y amigas. Antes de la inmersión en la mikvé, la madre del novio le regala a la novia una elegante bata y unas pantuflas, junto con otros objetos relacionados con el baño. Después de la tevilá las madres parten sobre la cabeza de la novia una rosca con forma de Maguén David (Estrella de David), y muchos regalan a la novia 101 monedas.
En esta ocasión la novia manifiesta su agradecimiento y bendición a su madre y a toda su familia, como así también a la madre del novio y su familia. Ciertamente éste es un momento de halagos, reconocimientos y palabras plenas de emotividad.
Los ashkenazim no acostumbran realizar ceremonia alguna en ocasión de la tevilá de la novia, y con sencillez y recato ésta realiza la inmersión en las aguas de la mikvé acompañada generalmente por su madre. Sin embargo, cabe mencionar que en algunas comunidades de latinoamérica, también los ashkenazim celebran en ocasión de la tevilá de la novia, un ceremonial similar al de los judíos de Siria.
La unión de un hombre y una mujer, no es sólo un acto de placer. Cuando el novio entrega a la novia el anillo en la ceremonia nupcial, le dice: “He aquí que estás consagrada a mí acorde con la ley de Moisés e Israel”.
Dos aspectos vitales se suman al deseo de ser una sola carne. La consagración, que manifiesta el deseo de una unión espiritual, y la acción de hacerlo acorde con la ley de Moisés e Israel, lo que expresa el compromiso con la tradición milenaria del pueblo judío y la decisión inquebrantable de ser un eslabón más de la larga cadena de oro de la identidad y la continuidad de Israel.
El término mikvé proviene de la raíz hebrea, que infiere la reunión de las aguas, tal como leemos en el relato de la creación: “júntense las aguas debajo del cielo en un solo lugar” (Breishit 1:9).
Una Mikvé es entonces un lugar que reúne aguas de origen natural, como el agua de lluvia, de un río o de un manantial. De hecho, se trata de una pequeña alberca que está unida a una fuente de aguas naturales que fueron recolectadas en forma natural (llamada “otzar”), a las que se les agrega luego agua limpia y templada.
El agua de la mikvé llega aproximadamente hasta por debajo de los hombros. Las mikvaot de hoy en día son elegantes, agradables, higiénicas y absolutamente privadas. Junto a la piscina en la cual se realiza la inmersión ritual, hay baños de uso individual, cómodos y confortables. El acceso al lugar de la tevilá (la “inmersión”) se posibilita desde cada uno de los baños a través de una puerta que normalmente se mantiene cerrada para
asegurar la privacidad.
La mikvé es el edificio institucional más importante de una comunidad. Si los judíos de una ciudad necesitan construir una sinagoga y una mikvé, la ley judía establece que primero se debe construir la mikvé.
La Torá nos habla del servicio del Cohén Gadol, el Supremo Sacerdote, en el Templo sagrado de Jerusalem. En diferentes momentos del ritual del día de Yom Kipur, el Cohén Gadol se sumergía en la mikvé; en total, lo hacía cinco veces. Obviamente, no se trataba de un acto de higiene, ya que realizaba estas tevilot en el lapso de unas pocas horas.
La tevilá en las aguas de la mikvé infiere una transformación en la persona que la realiza, una preparación para algo elevado. Figurativamente, la mikvé se compara con el útero de la mujer, y sus aguas, con el líquido amniótico. Dentro del agua el ser humano no puede respirar, esto representa de alguna manera la anulación de la vida. Emerger de las aguas significa entonces: salir a la vida.
Se trata de un ritual que simboliza una renovación, un cambio de estatus, un renacimiento. Quien se convierte al judaísmo también debe cumplir con la inmersión en la mikvé, lo que marca la transformación vital del converso.
Antes de la boda, la novia también debe realizar una tevilá. El sumergirse en las aguas de las mikvé representa la entrada a una nueva dimensión existencial: la de mujer casada.
Los sabios afirman que las aguas de la tevilá simbolizan las aguas del Edén. En el Jardín del Edén, la primera pareja vivió unida por un amor perfecto y carente de inhibiciones. Por lo tanto, la inmersión infiere el retorno a ese estado edénico, como un intento de alcanzar el nivel espiritual y el amor integro que había entre Adán y Eva (Ver “Waters of Eden”, pág. 31).
Así es que la tevilá de la novia antes de la boda se transformo en un evento familiar, como parte integral de los preparativos.
En Salónica y muchas otras comunidades sefaraditas se acostumbraba que la novia llegaba a la tevilá acompañada de familiares y amigas. Después de realizar un baño especial en aguas perfumadas, la novia se sumergía en las aguas de la mikvé, y al salir, recibía todo tipo de elogios y alabanzas, con cánticos y bendiciones.
En algunas comunidades del norte de África, el regocijo solía ser muy grande. La novia llegaba a la tevilá acompañada de una larga procesión de damas, quienes llevaban velas encendidas y entonaban canciones y melodías tradicionales. Antes de sumergirse en la mikvé, la novia se bañaba con jabones y lociones que le regalaba el novio.
En realidad, los Rabinos marroquíes expresaron sus reservas respecto a estas celebraciones. Consideraban que afectaban el recato obvio que debe tener este evento.
En la comunidad argelina acompañaban a la novia sólo la madre, la suegra, las hermanas casadas, y una amiga que era elegida muy especialmente, ya que debía ser casada, con hijos, feliz en su matrimonio y de buena posición económica, para que su suerte se proyecte en la novia.
En Uzbekistán, los judíos de Bujara celebraban dos actos: el hamam y la tevilá.
El hamam o hammam es un tipo de baño turco donde la novia se higienizaba de manera muy especial, bañándose con aguas aromáticas y untándose con aceites. Después del baño, en un recinto contiguo se comían las delicias que traían las mujeres cercanas a la familia de la novia. Sólo al día siguiente, en la víspera de la boda y en un absoluto recato, la novia realizaba la tevilá en la mikvé.
Las comunidades oriundas de Siria celebran la tevilá de la novia con la presencia de familiares y amigas. Antes de la inmersión en la mikvé, la madre del novio le regala a la novia una elegante bata y unas pantuflas, junto con otros objetos relacionados con el baño. Después de la tevilá las madres parten sobre la cabeza de la novia una rosca con forma de Maguén David (Estrella de David), y muchos regalan a la novia 101 monedas.
En esta ocasión la novia manifiesta su agradecimiento y bendición a su madre y a toda su familia, como así también a la madre del novio y su familia. Ciertamente éste es un momento de halagos, reconocimientos y palabras plenas de emotividad.
Los ashkenazim no acostumbran realizar ceremonia alguna en ocasión de la tevilá de la novia, y con sencillez y recato ésta realiza la inmersión en las aguas de la mikvé acompañada generalmente por su madre. Sin embargo, cabe mencionar que en algunas comunidades de latinoamérica, también los ashkenazim celebran en ocasión de la tevilá de la novia, un ceremonial similar al de los judíos de Siria.