La Redención del Primogénito
“Todo primogénito de personas, entre tus hijos, redimirás” ( Shemot 13:13 )
El concepto de libertad se reitera constantemente en nuestras fuentes. La experiencia de la esclavitud de Egipto y la epopeya de la libertad que es relatada en el texto bíblico han dejado una huella imborrable en el pueblo de Israel y han ocasionado una toma de conciencia permanente para todas las generaciones, respecto al ejercicio de la libertad como elemento vital para el ser humano.
Debemos agradecer al Eterno por el privilegio de gozar la bendición de la libertad. A Dios ofrecemos las primicias de los frutos y los productos del campo. Los primeros animales nacidos del rebaño como ofrenda y agradecimiento por el hecho de haber sido ayer esclavos y hoy hombres libres, con bienes y posesiones (Shemot 13:1-2). Asimismo, la consagración de los primogénitos se fundamenta en que durante la décima plaga que provocó la muerte de los primogénitos, el pueblo de Israel no fue afectado ni en sus hijos, ni en sus animales.
Algunos comentaristas señalan alguna relaciónentre la Akedat Itzjak (la atadura de Itzjak), que no fue sacrificado, y el hecho de que vivió una vida al servicio de Dios y su causa.
Este punto adquiere una fuerza impresionante en el relato de Janá, mujer estéril, que en su vehemente oración promete que si llegara a concebir, dedicaría el fruto de su vientre al servicio sagrado. Su oración fue escuchada y ella dio a luz a Shmuel, el hijo esperado, quien fue consagrado de por vida a la labor del Tabernáculo en Shiló (Shmuel I 1).
Éste debía ser el destino de cada primogénito hebreo. De ellos se debía haber constituido el sacerdocio, debiendo ser consagrados totalmente al servicio Divino. Así se expresa el versículo: “Pues Mío es todo primogénito de entre los hijos de Israel, desde el día que maté a todo primogénito en la tierra de Egipto, los santifiqué para Mí”(Bamidbar 8:17).
Este mérito y privilegio fue perdido con el pecado cometido por los hijos de Israel, al adorar el becerro de oro, pecado en el cual participaron también los primogénitos. Sin embargo, la tribu de Leví no participó del pecado del becerro. Este hecho provocó un cambio radical respecto del lugar queocuparían los primogénitos y es expresado en la Torá de la siguiente manera: “Y apartarás a los leviím de entre los hijos de Israel, y serán para Mí los leviím... en lugar de todos los que abren la matriz, todos los primogénitos de entre los hijos de Israel... y He tomado a los leviím en lugar de todos los primogénitos de los hijos de Israel” (Bamidbar 8:14, 16, 18).
En nuestros días los primogénitos son redimidos por un cohén, en una simpática y significativa ceremonia que recibe el nombre de Pidión habén (la Redención o el rescate del hijo primogénito).
El autor del Séfer hajinuj explica el significado de este precepto sosteniendo que el Santo, bendito sea, quiso darnos el mérito de cumplir un precepto con las primicias de los frutos, para que sepamos que todo le pertenece y lo único que la persona posee, es lo que Dios le otorga con Su bondad. El hombre entiende esto, al ver que después de trabajar y conseguir frutos, inmediatamente entrega las primicias al Santo, bendito sea.
Debemos agradecer al Eterno por el privilegio de gozar la bendición de la libertad. A Dios ofrecemos las primicias de los frutos y los productos del campo. Los primeros animales nacidos del rebaño como ofrenda y agradecimiento por el hecho de haber sido ayer esclavos y hoy hombres libres, con bienes y posesiones (Shemot 13:1-2). Asimismo, la consagración de los primogénitos se fundamenta en que durante la décima plaga que provocó la muerte de los primogénitos, el pueblo de Israel no fue afectado ni en sus hijos, ni en sus animales.
Algunos comentaristas señalan alguna relaciónentre la Akedat Itzjak (la atadura de Itzjak), que no fue sacrificado, y el hecho de que vivió una vida al servicio de Dios y su causa.
Este punto adquiere una fuerza impresionante en el relato de Janá, mujer estéril, que en su vehemente oración promete que si llegara a concebir, dedicaría el fruto de su vientre al servicio sagrado. Su oración fue escuchada y ella dio a luz a Shmuel, el hijo esperado, quien fue consagrado de por vida a la labor del Tabernáculo en Shiló (Shmuel I 1).
Éste debía ser el destino de cada primogénito hebreo. De ellos se debía haber constituido el sacerdocio, debiendo ser consagrados totalmente al servicio Divino. Así se expresa el versículo: “Pues Mío es todo primogénito de entre los hijos de Israel, desde el día que maté a todo primogénito en la tierra de Egipto, los santifiqué para Mí”(Bamidbar 8:17).
Este mérito y privilegio fue perdido con el pecado cometido por los hijos de Israel, al adorar el becerro de oro, pecado en el cual participaron también los primogénitos. Sin embargo, la tribu de Leví no participó del pecado del becerro. Este hecho provocó un cambio radical respecto del lugar queocuparían los primogénitos y es expresado en la Torá de la siguiente manera: “Y apartarás a los leviím de entre los hijos de Israel, y serán para Mí los leviím... en lugar de todos los que abren la matriz, todos los primogénitos de entre los hijos de Israel... y He tomado a los leviím en lugar de todos los primogénitos de los hijos de Israel” (Bamidbar 8:14, 16, 18).
En nuestros días los primogénitos son redimidos por un cohén, en una simpática y significativa ceremonia que recibe el nombre de Pidión habén (la Redención o el rescate del hijo primogénito).
El autor del Séfer hajinuj explica el significado de este precepto sosteniendo que el Santo, bendito sea, quiso darnos el mérito de cumplir un precepto con las primicias de los frutos, para que sepamos que todo le pertenece y lo único que la persona posee, es lo que Dios le otorga con Su bondad. El hombre entiende esto, al ver que después de trabajar y conseguir frutos, inmediatamente entrega las primicias al Santo, bendito sea.

